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miércoles, 15 de abril de 2026

PAUL GAUGUIN - El Cristo amarillo

El Cristo amarillo

    
     El Cristo amarillo pintada por Paul Gauguin en 1889 se considera una obra cumbre del postimpresionismo porque, en su momento, rompió radicalmente con la imitación de la realidad, sentando las bases de movimientos pictóricos posteriores como esimbolismo y el cloisonismo.

Gauguin es uno de los pintores que empieza a utilizar el color como medio expresivo. Utiliza el amarillo no para copiar la luz natural, sino para transmitir una emoción de sacralidad campesina y serenidad en el ambiente. El color es arbitrario, subjetivo y un elemento simbólico: El tono amarillo intenso en Cristo y el paisaje otoñal de Bretaña aluden a la espiritualidad y a la conexión con los ciclos de la tierra (la "crucifixión" de los cultivos en otoño que renacen en primavera).

El color no responde a la lógica visual, sino a la intensidad del sentimiento místico que el artista desea transmitir. 

Emplea líneas de contorno muy marcadas (negras o azules) que separan zonas de color plano, inspirándose en los esmaltes y las estampas japonesas. Esto elimina la sensación de profundidad tradicional.

Simulando a las vidrieras medievales, Gauguin, al encerrar grandes manchas de color plano dentro de contornos oscuros muy marcados, no solo elimina la profundidad, sino que también elimina el modelado tradicional, simplificando las formas hasta convertirlas en iconos o símbolos en lugar de representaciones tridimensionales del mundo físico. 

Al situar a Cristo en un entorno rural de la Bretaña francesa con mujeres vestidas como las campesinas de la época, Gauguin fusiona lo divino con la vida cotidiana y "primitiva", alejándose del mundo moderno que había en las grandes ciudades.

El Cristo amarillo se considera un manifiesto visual del simbolismo porque rompe con la imitación de la realidad para dar más importancia a la expresión de ideas y emociones del artista. En lugar de pintar lo que ve, Gauguin pinta lo que siente y lo que la escena significa para su mundo interior. 

El cuadro es una pieza clave del Sintetismo, un estilo que fusiona la observación externa con la visión interna. 

No es una escena histórica de la crucifixión, sino una aparición espiritual experimentada por las mujeres bretonas mientras rezan.

Al situar a Cristo en la campiña francesa del siglo XIX rodeado de campesinas con trajes tradicionales, Gauguin simboliza la pervivencia de la fe primitiva y el "primitivismo" que tanto buscaba en Bretaña. 

Gauguin se identificaba a menudo con el sufrimiento de Cristo. En esta obra, el Cristo amarillo (inspirado en una talla de madera de la capilla de Trémalo) se convierte en una extensión de su propia identidad como artista incomprendido y "salvaje" que lucha contra la sociedad burguesa de París. 

 Esta obra tuvo una gran influencia en el nacimiento de las vanguardias del siglo XX. Su impacto fue fundamental porque liberó al arte de la obligación de ser una "ventana al mundo", abriendo paso a tres movimientos clave:

    Los Nabis: Inspirados directamente por el uso de colores planos y contornos de Gauguin, este grupo  entendió que un cuadro es, antes que nada, una superficie plana cubierta de colores en un orden determinado.

 

Fauvismo: El uso antinatural y arbitrario del amarillo preparó el terreno para que artistas como Matisse usaran el color con absoluta libertad emocional, sin importar si correspondía a la realidad.

 

    Expresionismo: La carga espiritual y la distorsión de las figuras influyeron en los artistas alemanes, quienes vieron en Gauguin una forma de proyectar el mundo interior y el sufrimiento humano de manera cruda.


En resumen, sin esta ruptura con el realismo, el arte moderno no habría tenido el permiso visual para ser tan subjetivo.











 

lunes, 18 de febrero de 2019

         PEDRO BERRUGUETE
           Pedro Berruguete fue un pintor español que vivió de 1450 a 1503. Está primero en Italia donde aprende las técnicas del Quatroccento, y a su vuelta a España las aplica aunque tímidamente. Berruguete es el pintor español que mejor representa la transición entre el Gótico y el Renacimiento.
            Trabaja sobre todo para la Iglesia y realiza los retablos de varias catedrales y monasterios. En la iglesia de Sto. Tomás en Ávila pinta los retablos todos ellos referidos a los santos fundadores o muy significativos de la orden de los dominicos. El encargo se lo hace Fray Tomás de Torquemada, primer gran Inquisidor del reino de Castilla y que era dominico. Esta orden fue la  que se hizo cargo de tan siniestra institución.
           Uno de los cuadros de mayor calidad artística que realiza en ese contexto es San Pedro Mártir en oración. 

 
               Es un cuadro muy sencillo en el que el santo,  arrodillado ante Cristo le dirige una oración  y a la que parece que el Cristo le contesta. Unas palabras, ilegibles para el observador, nos indican dicho diálogo.

 
 
           Las palabras que salen de la boca del santo se dirigen hacia las rodillas de Cristo y las que éste emite se dirigen hacia la cabeza del santo, lo que creo que hace el pintor con toda la intención para indicar que es Cristo el que ilumina su pensamiento.
 

 
 
            Y volviendo al cuadro original nos preguntamos ¿Qué es lo más importante de este cuadro? ¿Qué es lo que más atrae nuestra atención? ¿Hacia dónde se nos va nuestra mirada?. La respuesta es la misma: hacia esa zona vacía entre el santo y Cristo, hacia la zona en la que se está transmitiendo el mensaje entre uno y otro. Y las palabras que están pintadas ni siguiera hacen falta, pues son ilegibles y poco visibles. sin esas palabras, la zona de la que hablamos seguiría siendo la zona de tensión plástica de todo el cuadro.
           Conseguir que una zona vacía dé significado al cuadro y sea el centro o zona de  tensión del mismo es lo que consiguieron también grandes maestros del Renacimiento en sus Anunciaciones. El espacio que hay entre el ángel y la Virgen y es el espacio que ocupa el mensaje divino.