domingo, 21 de diciembre de 2025

GOYA: Fusilamiento del tres de mayo,

 GOYA: Fusilamientos del 3 de mayo


 "Los fusilamientos del 3 de mayo" (1814), de Francisco de Goya, es una obra maestra del Romanticismo y un alegato contra la barbarie y la crueldad de la guerra. El cuadro, que representa la ejecución de civiles madrileños por las tropas napoleónicas, rompe con la tradición artística al centrarse en el horror y la vulnerabilidad humanas en lugar del heroísmo bélico.

Pintado seis años después de los hechos, Goya plasmó la masacre con una crudeza que pretendía despertar la ira y el odio del público español contra el invasor. 

El punto central de la composición es el hombre arrodillado con una camisa blanca, que irradia luz en medio de la oscuridad. Hay críticos que con sus brazos extendidos y la pose de su cuerpo evocan la imagen de Cristo en la cruz, simbolizando el sacrificio y el martirio del pueblo anónimo. Para otros, con una intención más laica que religiosa, representa el acto de morir por la patria o la libertad.

El pelotón de soldados franceses se presenta como una máquina de matar anónima y deshumanizada. Forman un bloque compacto, de espaldas al espectador, con los rostros ocultos bajo los uniformes y gorros, lo que da más fuerza a su papel de instrumentos ciegos de la opresión.

Goya utiliza una iluminación de contrastes, de claroscuro para intensificar el dramatismo. Un gran farol en el suelo ilumina intensamente a las víctimas, especialmente al hombre de blanco, mientras sumerge a los soldados y el fondo en penumbra. La paleta de colores es sombría, dominada por tonos ocres y negros, con el blanco de la camisa y el rojo de la sangre como únicos puntos de color vibrante, guiando la mirada del espectador y acentuando el horror de la escena.

A la izquierda, el grupo de víctimas muestra una gama de expresiones individualizadas: terror, desesperación y resignación, lo que añade una dimensión profundamente humana al sufrimiento. En primer plano, yacen los cadáveres ensangrentados de los que ya han sido fusilados, aumentando la sensación de matanza indiscriminada.

Al fondo, la ciudad de Madrid se vislumbra en la oscuridad, silenciosa y distante, lo que aísla la escena de la ejecución y concentra toda la atención en la brutalidad del momento presente.

Goya no busca glorificar la guerra ni a sus héroes, sino mostrar su sinrazón y horror intrínsecos. La obra es un precedente del reportaje de guerra moderno y una de las primeras pinturas en la historia del arte que denuncia explícitamente la atrocidad del conflicto armado. Su pincelada suelta y su enfoque emocional la sitúan como una obra revolucionaria que anticipa el expresionismo y ha servido de inspiración para artistas posteriores, como Édouard Manet y Pablo Picasso. 

La composición del cuadro se estructura en torno a varias líneas de fuerza diagonales y horizontales que intensifican el dramatismo y dirigen la mirada del espectador. 

Los rifles de los soldados franceses forman líneas horizontales repetitivas que apuntan directamente hacia la figura central y los otros condenados, creando una fuerte sensación de amenaza inminente y fatalidad. Las piernas de los soldados forman una serie de claras diagonales que refuerzan las sensaciones de las líneas horizontales.

La figura principal, el hombre de la camisa blanca, tiene los brazos extendidos en una pose en la que sus brazos forman dos líneas diagonales ascendentes que atraen inmediatamente la atención del espectador y rompen la horizontalidad opresiva de los rifles.

 Las víctimas, a la izquierda, forman un grupo cohesionado con diversas posturas que generan una línea de figuras que va desde los cuerpos ya caídos en el suelo hasta los que esperan su turno, algunos cubriéndose el rostro con desesperación.

La composición divide la escena en dos grupos principales a través de una línea imaginaria marcada por la acción: los fusilados a la izquierda y el pelotón de fusilamiento a la derecha, en un contraste entre las víctimas con rostros expresivos y los verdugos anónimos e inexpresivos.  La figura del hombre de blanco y, en general, el grupo de los condenados, se inscriben en una especie de forma triangular, que contribuye a la sensación de agobio y dramatismo. 

Goya utiliza estas líneas de composición, junto con un uso magistral de la luz y la sombra (el foco de luz recae sobre el hombre de blanco) y una pincelada suelta, para crear una obra maestra del pre-expresionismo que transmite el horror y la brutalidad de la guerra.


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