miércoles, 27 de mayo de 2015

PICASSO: EL ESPACIO CUBISTA


            Los pintores cubistas buscaban sustituir el espacio clásico y el impresionista por un espacio nuevo, un espacio apropiado para las obras pictóricas del siglo que acababa de nacer.
            Veamos un sencillo ejemplo de un nuevo espacio, el espacio cubista.
            Picasso ha introducido maliciosamente un paquete de tabaco que descansa sobre el periódico plegado y amarillento. ¿Está bien dicho que descansa? No, pues no se puede decir que tal como está colocado sobre el periódico, obedezca a las leyes de la gravedad. ¿Está pues suspendido, colgado?



 Sí, se diría al examinar la esquina superior derecha, pero la esquina inferior izquierda lo desmiente. En verdad ni descansa ni está suspendido ¡Vaya un espacio extravagante! ¿Está pues el paquete inscrito? Por un lado sí, por otro no, pues es como si por la derecha se mostrara en relieve. ¿Qué puede ser un objeto que no descansa, que no está suspendido y que no está inscrito?



 Mirémoslo aún más de cerca: si se suprime la línea negra que forma el ángulo obtuso, se tiene casi la imagen de un paquete de tabaco en perspectiva, gracias a la arista de la etiqueta y a la parte sombreada de la derecha.  Pero en lugar de que el cubo se reduzca en sentido de la profundidad, lo hace en otro sentido, en saliente, por lo que da la impresión de que se viene hacia delante.


Si se restablecen las líneas eliminadas antes, la perspectiva se invierte, yendo el paquete hacia la profundidad.




            ¿Es que ahora le vemos huir como en la perspectiva clásica? Tampoco, pues es como si la mirada en el interior del paquete de tabaco. Picasso dispone las líneas y planos de la parte izquierda de otro modo, para prevenir la confusión. Es por esa bisagra por donde el saliente y el hundido deben adherirse al resto de la composición y conformarse al plan del cuadro. Tal como se ve en este detalle, el espacio cubista nos ofrece objetos que, sin perder nada de su aspecto exterior, se enriquecen con perspectivas interiores, como si el ojo tuviese poder, no solo para dar la vuelta a las cosas, sino también para visitarlas y verlas desde dentro. Es como si dispusiéramos de dos clases de ojos, uniéndose uno y otro en la misma mirada.